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Sabado, 17 de Noviembre del 2018
Sábado, 07 Abril 2018

¿Toma el máster y corre!

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

Veamos. Quien esto escribe, o sea yo, es funcionario de carrera.

Del grupo A1, para ser exactos. Y pertenezco a este grupo por varias cosas. Primero, porque aprobé unas oposiciones en las que tuve que competir contra unos 1400 aspirantes por una de las 18 plazas disponibles. Segundo, porque previamente tuve que obtener el CAP (Certificado de Aptitud Pedagógica) asistiendo a un curso y a varias actividades complementarias que me llevó unos cuantos meses. Y previamente completé mi licenciatura en Historia Antigua por la Universidad de Salamanca, otros cinco añitos de estudio. ¡Ah, y que no se me olvide! Tengo la obligación de realizar un mínimo de cien horas sexenales de formación para poder cobrar los sexenios, horas que debo cursar religiosamente.

 

¡Tonto de mí! No sabía yo que todo eso se podía hacer sin casi estudiar, o sin estudiar en absoluto. Y he perdido tiempo y dinero mientras otros disfrutaban de tiempo libre o realizaban otras actividades sin tener que hincar codos.

 

Yo quiero un máster de esos. Sí, de esos que engordan el currículo, o que son condición sine qua non para acceder a estudios superiores. La verdad es que no me hacen falta, pero siempre quedan bien en el currículo y colgados y enmarcados en la pared.

 

Aunque me temo que a mí no me los van a dar. Lo primero, no pertenezco a ciertos grupos de personas que sí tienen acceso a ellos “by the face” (traduzca el lector). Lo segundo, me daría una vergüenza tremenda. Lo tercero, a mí me gusta currarme lo que tengo, aunque tenga poco, pero sabe mucho mejor lo conseguido con tu trabajo y esfuerzo que por influencias y recomendaciones. Pues eso, que me temo que yo (y el común de los mortales) tendríamos que pagar el máster, matricularnos dentro de plazo, asistir al menos a un 80% de las clases, estar presente en los exámenes (y aprobarlos, como Dios manda) y presentar nuestros TFM (trabajo fin de máster) para que fueran evaluados y si lo merecen, aprobados. Y sólo entonces, y una vez pagadas las tasas correspondientes, tendríamos nuestro máster. Sólo entonces.

 

Miren ustedes: yo trabajo en esto. No exactamente en lo mismo, pero la normativa es similar, cuando no igual. Los máster, como cualquier otra titulación que tenga carácter y validez oficial, están estrictamente reglamentados por el Estado, y no se pueden adaptar a nada ni a nadie salvo que la propia ley lo prevea. Que por cierto, no es el caso. Las normas son claras y concisas, y no se puede negociar con el equipo docente un máster a la carta; en primer lugar porque el equipo docente, compuesto por funcionarios, sabe perfectamente que en caso de hacerlo estarían cometiendo prevaricación; en segundo lugar, porque la respuesta automática del equipo docente debería ser “no” ante la petición inaudita de ni asistir a clase, ni hacer los exámenes con los demás alumnos y alumnas, ni presentar trabajo fin de máster (porque si no aparece es porque no existe) ni, en definitiva, hacer nada para conseguir legalmente ese máster. ¡Ah, y sin olvidarnos del cambio de calificaciones años después de finalizado el estudio en cuestión, suspenso hasta entonces!

 

Las pruebas son tan abrumadoras contra ya saben ustedes quién (la señora Cifuentes) que nadie en su sano juicio, ni siquiera los de su propio partido, se creen las explicaciones que ha dado la implicada en el caso, presidenta ella de la comunidad capitalina. Y es que les han pillado con las manos en la masa, comprando la masa y metiéndola en el horno. Y si me apuran, hasta cultivando el trigo para la masa. Pero este nuevo caso de corrupción llega en un momento especialmente delicado para la señora presidenta y para todo su partido, ya que las encuestas electorales les están llevando a perder la primera posición del ránking de voto debido a varios factores, pero sobre todo a una corrupción que lejos de remitir no deja de dar escándalos, y a la forma de enfrentarse a ella. Incluso es posible que estas informaciones se hayan hecho públicas desde dentro del partido del gobierno por la lucha que se libra por la sucesión del actual líder, intentando desprestigiar a una posible candidata a la presidencia del Partido Popular que llevaba como bandera precisamente la lucha contra la corrupción y la limpieza del partido. Además el caso pone en un brete al partido socio y sustentador de su gobierno en la Comunidad de Madrid, que no es otro que aquel que les adelanta en las encuestas al erigirse como el partido de centro-derecha limpio de polvo y paja, prístino y sin mancha. Y es que Ciudadanos se la juega en este caso, porque es tan clara la falsedad de lo afirmado por Cifuentes que no hay por dónde coger las pruebas que presenta.

 

Y sin embargo, y ante el anuncio de otros grupos de la oposición de la presentación de una moción de censura, el partido naranja se echa atrás y olvidando su juramento repetido hasta la saciedad de no sostener al gobierno del Partido Popular de la Comunidad de Madrid si había casos de corrupción en su seno, da un paso atrás y se niega a apoyar la moción de censura. Lo cual, por cierto, no hace sino animar a la oposición formada por PSOE y Unidos Podemos, que estuvo muy cerca de obtener la mayoría en las últimas elecciones regionales y que ve la posibilidad de ganar las próximas. La verdad es que no entiendo el porqué de la actitud de Ciudadanos, que le va a pasar factura y muy onerosa al comprobarse que quizás no sea lo que dice ser, azote de corruptos, sino más bien, al menos en Madrid, el bastón en el que estos se apoyan.

 

¿Y saben lo peor? Pues que muchos chicos y chicas que están o han estado cursando un máster en la Universidad Juan Carlos I de Madrid con todas las de la ley van a tener que sufrir ahora la sospecha y la suspicacia de quienes en un futuro puedan contratarlos, ya que el caso Cifuentes ha sembrado la duda sobre una universidad que parece ser, según cuentan sus propios empleados, que se ha convertido en poco menos que una agencia de colocación para afines y familiares del Partido Popular, lo cual se paga en demasiadas ocasiones con clientelismo y favores. Y esos chicos y chicas no tienen la culpa de nada de eso, porque son estudiantes normales y corrientes que hacen lo que tienen que hacer y trabajan lo que tienen que trabajar, cumpliendo con la legalidad porque a ellos no se les da un trato de favor.

 

Pues nada: toma el máster y corre, que puede que no te pillen.

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