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Viernes, 05 de Marzo del 2021
Viernes, 26 Febrero 2021

¿Salimos de esta?

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

Al menos por el momento lo parece. Pero cuidado. Mucho cuidado. Salvar cualquier cosa puede condenar a muerte a decenas de miles de personas.

El descenso en número de casos y nuevas hospitalizaciones en la Región de Murcia ha sido no solo evidente, sino espectacular. De hecho en la última semana antes de escribir este artículo el número de nuevos enfermos es diez veces menor de lo que era hace un mes, y el de hospitalizados ha bajado en un tercio en esta misma semana. Aunque los fallecidos aún se mantienen cercanos a diez al día, ya están por debajo de esta cifra, y el descenso de hospitalizaciones significará, en un plazo más bien corto, la disminución de este terrible recuento. Y otro tanto ocurre a nivel nacional. Incluso a nivel mundial.

 

En Cieza no vamos tan bien. Los números han caído notablemente, es verdad, pero todavía tenemos que hacer frente a cifras peligrosas, que mantienen la hostelería a medio gas y una escasa actividad comercial. De hecho se están verificando repuntes preocupantes que hay que controlar a toda costa.

 

En fin, el panorama se adivina menos malo que el de hace apenas dos semanas. Pero por eso hay que advertir, como ha hecho el consejero de Sanidad de nuestra Región Juan José Pedreño, que soltar cuerda en esta situación puede resultar no solo contraproducente, sino catastrófico. Veámoslo.

 

Hace apenas dos meses por todas partes se oía esa frasecita que no ha traído más que muerte y dolor: salvemos la Navidad. Sin ni siquiera haber superado la segunda ola de la pandemia nos lanzamos a tumba abierta hacia una falsa normalidad en la que las restricciones se respetaron muy poquito y que pagamos con una nueva ola, la tercera, que ha causado más casos y muertes que las dos anteriores. Digámoslo claro: salvar la Navidad ha costado ni más ni menos que 20.000 muertos adicionales al ya trágico balance de la COVID-19 en España. Eso sí, no he oído a un solo político hacerse responsable de esta masacre, aunque la mayoría de ellos, despreciando las recomendaciones de los expertos, fueron poco antes fervientes defensores de celebrar estas fiestas con más o menos control, pero celebrarlas en cualquier caso.

 

Y ahora se acercan otras fiestas, que no son otras que la Semana Santa. Unas fiestas muy importantes para muchos por su carácter religioso, y para otros por la posibilidad de disfrutar unas vacaciones antes de que llegue el verano. Unas fiestas, en fin, que hasta el año pasado daban al personal una magnífica ocasión, por alguno de estos motivos, para romper con la monotonía del día a día, aunque fuese por poco tiempo. Y no olvidemos, claro está, la importancia para el sector turístico de estas fechas.

 

Pero, al menos en mi opinión, no ha lugar a celebraciones, ni a escapadas masivas de millones de personas hacia las Semanas Santas o hacia las playas del país. Y ello por un motivo muy simple: aunque estemos mejor, ni por asomo estamos bien. De hecho nuestras cifras, en Murcia por ejemplo, cuadruplican ahora mismo lo que sería no ya deseable, sino tolerable. Aflojar la cuerda, relajar demasiado las restricciones antes de que la vacunación se haga masiva, tendría el terrible efecto de dar la mejor de las bienvenidas a la cuarta ola de la pandemia. Y una cuarta ola sería decisiva para rematar a todos los sectores de la economía que esperan poder recuperarse algo en verano, una recuperación que sería lisa y llanamente liquidada por un nuevo zarpazo de la pandemia.

 

Comprendo perfectamente la desazón de quienes desearían, por el motivo que sea, que la Semana Santa pudiese vivirse este año con cierta normalidad. Pero estamos ahora mismo en una carrera contrarreloj que se dirime en el delicado equilibrio entre expansión de la pandemia y extensión de la vacunación. Ya hemos visto hace poco a qué nos lleva el exceso de prisa y el desoír los consejos de los expertos: a una terrible vuelta atrás que se paga con decenas de miles de muertos. El viejo adagio castellano de pan para hoy y hambre para mañana le queda a esta situación como guante a la mano. Así que apretemos los dientes y sigamos, un poco más, teniendo mucho cuidado con lo que hacemos y evitando que la pandemia vuelva a desbocarse. Y así no tendremos este año la Semana Santa que todos recordamos, pero es muy posible que el verano sí que, por fin, sea un verano de verdad.

Ojalá sea así.

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