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Viernes, 30 de Octubre del 2020
Sábado, 25 Abril 2020

Que nadie se quede atrás

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

Lo estamos pasando mal. No se puede negar.

Lo malo es que hay diferencias hasta en época de pandemia. Muchas personas, aparte del confinamiento, no tienen mayores problemas. Siguen recibiendo sus salarios o sus rentas y disfrutando de lo que estos, salvo lo que hoy está prohibido, les pueden reportar. Pero otras lo están pasando peor, mucho peor. Incluso muy mal.

 

Hay hoy en España millones de trabajadores, ya sea por cuenta ajena o autónomos, que han perdido su trabajo o no pueden realizarlo. No sé exactamente cuántos pueden ser, pero como mínimo cuatro millones de personas se encuentran en esta situación. Creo que incluso pueden llegar a seis millones. Los ERTE y la progresiva ampliación de la cobertura del estado a diferentes colectivos palían la situación, pero esta se hace de día en día más dramática.

 

Aunque el futuro puede ser incluso peor. Sectores clave y que emplean a una gran cantidad de mano de obra como el pequeño comercio, la hostelería o el turismo están ahora mismo, literalmente, en la UCI. Su futuro es muy negro, en especial para el turismo, que puede ver como se pierde un año completo de actividad. Y quienes viven directa o indirectamente de estos sectores ven sin esperanza un porvenir que se oscurece de día en día.

 

¿Saldremos de esta? Seguro. Ahora bien, ¿saldremos todos, o al menos casi todos, juntos? Lo dudo. Tenemos un ejemplo reciente en la crisis que nos golpeó desde 2008-2009. Esta crisis, provocada por la codicia y la especulación de quienes más tienen, terminó con una asfixia aún mayor de los pobres, de los trabajadores y una concentración muy superior de la riqueza en las manos de las clases poderosas, precisamente ellas que habían sido las responsables del desastre. Aumento de las desigualdades y de la pobreza, de la explotación y el desmantelamiento del estado del bienestar: esas fueron las consecuencias finales de una crisis teóricamente superada hoy.

 

¿Qué ocurrirá tras la crisis que ahora vivimos? Muchos expertos, muchos comentaristas, de una forma un tanto ingenuamente optimista en mi opinión piensan que el mundo cambiará. Que ante la evidencia de lo que está ocurriendo se pondrá más énfasis en la atención a las personas y menos en la protección de los intereses de multinacionales y multimillonarios. Que verá la luz un mundo nuevo donde la comunidad sea más importante que el interés individual, donde se volverá a valorar lo público, lo de todos, por encima de lo privado, lo de unos pocos. Pero me temo que debo discrepar. Simplemente, al menos aquí en España, con ver lo que la oposición ultraconservadora (o ultraderechista, que ya no hay matices en ella) dice y pretende hacer ya sabemos que desean repetir lo de la crisis anterior, pero multiplicado. Es decir, que la factura de la pandemia la paguen los pobres, los desposeídos, los sistemas sanitarios y educativos públicos, la asistencia social. Tal y como se hizo hace unos años con unos recortes que en buena medida han aumentado el efecto de la pandemia actual (aunque algunos digan que dichos recortes no existieron) y que dejaron desprotegida y exhausta a una enorme proporción de la población.

 

Insisto: mi previsión para lo que está por venir es absolutamente pesimista. Y no porque yo lo sea, no, sino porque mi experiencia así me lo dice. Y el problema se agrava cuando a nivel incluso internacional se abre paso el egoísmo, la ceguera absoluta, por encima del bienestar de los pueblos y del más mínimo sentido común. ¿Qué ocurrirá en unos meses? Ojalá me equivoque, pero me temo que nada bueno. Los gobiernos (actuales o posibles) empezarán por enfriar las expectativas de ayudas e incentivos para la gente normal, aunque para multinacionales y multimillonarios las habrá, a pesar de que probablemente no las necesiten. Después dirán que el estado y su protección están sobrevalorados y que la mejor forma de asegurar el bienestar es el crecimiento de la economía (capitalista y ultraliberal), que crea empleo y riqueza. Posteriormente volverán a bajar los impuestos, aunque las bajadas solo beneficien a quienes más tienen. A continuación se bajarán los salarios, pero únicamente a los trabajadores, en especial a los de baja cualificación. Y por último se dirá que no se puede seguir así, gastando por encima de nuestras posibilidades, y se dará un nuevo hachazo a lo público, en especial a todo aquello que sea asistencial o que tenga posibilidad de ser trasladado al sector privado.

 

¿Qué hará la gente normal, la gran perjudicada, si todo esto ocurre? No lo sé. Si sé que a río revuelto ganancia de pescadores, y que hay movimientos políticos populistas y retrógrados que verán aumentar y mucho sus expectativas electorales, dada la desesperación y, todo hay que decirlo, la incultura y la credulidad de buena parte de la población. Pero ni siquiera el aumento de la influencia de estos partidos daría salida al posible conflicto, ya que no harían sino agravar el problema y dar todavía más a quienes más tienen en detrimento de quienes menos poseen, pues no es otra la razón de su existencia. Y me temo que el final de todo esto sería, además de imprevisible, dramático.

 

Llamar al sentido común y la empatía queda muy bien, pero no sé si tendrá algún efecto. Sólo espero que la gente no pierda la cabeza y que por una vez la responsabilidad y el sentido común imperen sobre el egoísmo y la cabezonería.

 

Por el bien de todos. De todos. Que nadie se quede atrás.

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