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Lunes, 19 de Abril del 2021
Sábado, 20 Febrero 2021

La mirada: el pilar del rostro

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Carmen Villa y Carmen María Villalba Carmen Villa y Carmen María Villalba

CLR/Carmen Villa/Carmen María Villalba.

Protocolos, gel desinfectante, distancias de seguridad, celebraciones vía online, círculos sociales reducidos… Llegaron hace casi un año para cambiar nuestra rutina.

La mascarilla, que por aquel entonces solo usaban en materia de salud y en otros casos contados, también llegó y será la última en irse. Cuesta remontarse al principio de esta historia donde los niveles de contagio subían a diario pero la mascarilla aún no era obligatoria. Ahora no hay quien pueda escaquearse. Aunque oye, por lo menos han abaratado los costes, bastante tenemos encima ya.

 

Cuida y protege. Actúan de barrera para combatir al bichito. Idealizan los rostros y han conseguido dar la importancia que la mirada, y no los ojos, merecían. Benditas sean. Y malditas, pensaran los miopes, cargados de paciencia y aún a la espera de recibir un curso de instrucción para llevar sus gafas y conseguir que no se empañen.

 

Se reinventan a diario, hasta límites que en su día incapaz fuimos de imaginar. Las quirúrgicas se pueden encontrar de todos los colores y diseños, siendo la más solicitada la de color negro y si no nos cree, asómese a la ventana y observe. ¿Qué tendrá el color negro que a pesar de asociarse con cuestiones negativas le tenemos tanto apego? ¿El color negro pega con todo? ¿Otorga elegancia? Antes de desviarnos del tema y que se nos vaya de las manos, retomemos la cuestión. En fin, que para gustos las mascarillas.

 

Mientras la vida sigue y las mascarillas se quedan, son muchas las nuevas situaciones que, en un tiempo pasado, se creían imposibles de llevar a cabo sin analizar los rostros o incluso las expresiones faciales de alguien que tenemos frente a frente; nos referimos con esto a cualquier proceso o actividad que requiera presencialidad. Así que les planteamos lo siguiente: ¿Imaginaban hacer nuevas amistades conociendo menos de la mitad de la cara de alguien? ¿Contemplaban la posibilidad de estar más de un mes trabajando con compañeros a los que serían incapaces de reconocer sin mascarilla?

 

La nueva normalidad se ha acabado convirtiendo en un capítulo casi infinito, pero a la vez un tanto divertida dado que no nos queda más que tirar de imaginación. Ahora tenemos el poder de inventar a nuestra manera y fantasear sobre cómo es la cara de aquellos que hemos conocido en este periodo de tiempo. De forma constante nuestra imaginación actúa por medio de la técnica collage y, por norma general, suele portarse demasiado bien, hasta el punto de toparnos con alguna que otra decepción.

 

Les vamos a hacer partícipes de una historia real, aunque sin desvelar la identidad. Tienen un 50% de probabilidades de acertar cuál de las Cármenes (Villa o Villalba) fue la desgraciada, sin ser este dato el más importante. La susodicha acudió a su puesto de trabajo. Como cada día, en busca de poder destacar en redes sociales el trabajo que desempeñaba X empresa, compartía con sus compañeros las posibles ideas que se podían llevar a cabo para mejorar las malditas estadísticas que marca Instagram. En una de esas, su jefe le mostró un vídeo de prueba locutando un acontecimiento. A su pregunta de si creía que podía funcionar en redes sociales, Carmen respondió:

 

- Es una idea muy atractiva. El chico lo hace muy bien.

 

A lo que su jefe añadió:

 

- Ese chico soy yo.

 

Ay, Carmen, menos mal que de verdad pensaste que lo hacía bien. ¿Cómo no has sido capaz de reconocerlo? ¿Compartes cinco horas diarias con una persona que si te cruzas por la calle sin mascarilla serían incapaz de reconocer? ¿Hasta qué punto he idealizado su cara? Da igual, pensó y dio gracias de que al menos, por una vez, no dijo más de lo que debía por su piquito de oro. Por cierto, desde aquí saludos al afectado si nos lee.

 

Independientemente de este hecho y de la incomodidad que supone este nuevo complemento en nuestro día a día, la cosa ya no va de primeras impresiones, pues no las hay porque ‘gracias’ a las mascarillas no se ven. Ahora el precio de las palabras ha aumentado considerablemente debido a que una imagen ha dejado de valer más de mil palabras. Por primera vez, los prejuicios están pasando a un segundo plano y la personalidad gana por goleada a cualquier cuestión relacionada con los estereotipos.

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