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Miércoles, 21 de Octubre del 2020
Viernes, 10 Julio 2020

En algunos sitios se habla demasiado español

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

Desde pequeñito (y eso que me crié en el País Vasco) me enseñaron que la lengua que hablo en la intimidad y en los actos oficiales, el castellano, vulgo español, era una lengua admirable, maravillosa, capaz de ofrecer las palabras necesarias para expresar un sentimiento, una idea, y sus infinitas variaciones que añaden riqueza a nuestra capacidad de comunicación y de imaginación. Que nos hacen más humanos, en suma.

Según iba siendo mayorcito oía con pasmo a algunos personajes asegurar que el español era una lengua retrógrada, imperialista, propia de ocupantes y colonialistas, de quienes pretenden sojuzgar a los desdichados pueblos del mundo que se encuentran bajo la bota lingüística castellana. Y sin embargo...

 

Sin embargo al estudiar en la universidad cosas serias de verdad se me explicaba de forma razonada que la lengua que el destino (o el cálculo de probabilidades) me dio como nativa es una de las más evolucionadas y perfectas de este, nuestro pequeño mundo. Y que no por haber sido empleada por conquistadores, colonizadores, golpistas, fascistas, ultraizquierdistas y demás fauna dejaba de serlo.

 

Y si el español o castellano (antiguamente lengua del Imperio) es una de las lenguas extranjeras más estudiadas del mundo, digo yo que por algo será. Y no solo yo, sino una historia llena de grandes escritores, de excelsos oradores, de libros superlativos y de poemas desesperados, de canciones de amor y de frases para el Olimpo e los dioses. Vamos, una lengua que da gusto hablar y que suscita la admiración de quienes a ella se acercan desde otras quizá más extendidas pero ni tan ricas, ni tan bellas.

 

Me perdonaréis el exabrupto, pero hay que ser muy burro para despreciar una lengua. Cualquier lengua. Porque una lengua es, con toda seguridad, la más perfeccionada expresión de lo que una civilización, una cultura, puede ofrecer a la humanidad. Y despreciar una lengua, por atrasada o poco evolucionada que esté, es despreciar todo lo que hay detrás de ella: personas, cultura, estilos de vida, historia, humanidad en suma.

 

Y, lamentablemente, hoy en día nos encontramos demasiados burros de esos en nuestro panorama diario de brutos, zafios e incultos. Y no me refiero al de siempre, al tal Trump, enemigo naranja chillón de nuestra lengua. No, esta vez a los energúmenos los tenemos más cerca. Concretamente, en Cataluña.

 

Porque resulta que en una serie que emite actualmente TV3, la televisión pública autonómica catalana, hay gente que habla, ¡oh, Dios mío!, en castellano. Poco, no vayáis a creer, pero esos seres despreciables tienen el despreciable atrevimiento de farfullar palabras en la lengua de Cervantes. Aunque... o mal recuerdo o según una delirante institución seudohistórica catalana Cervantes era del principado. Da igual, tamaña osadía despertó inmediatamente la justa ira del gobierno ese que no gobierna en Cataluña más que para denostar, desprestigiar, acusar y despreciar al enemigo acérrimo e íntimo del principado, que no es otro que ¡España!.

 

Y como la lengua española sojuzga e intenta exterminar a la catalana, habrá que responder con la misma moneda desde las instituciones catalanes. Y como no es suficiente con prohibir el español en TV3, consejeras renombradas de ese gobierno que no gobierna llegan a afirmar que incluso se habla demasiado español en el Parlamento. Obviando, naturalmente, que el castellano es lengua oficial de Cataluña junto con el catalán (y el aranés, que no se me olvide).

 

Que la estulticia (o la estupidez) es imperante y casi obligatoria en algunos movimientos políticos, es especial los nacionalistas de cualquier tipo, no es nada nuevo. Que hay que ser muy tonto para intentar silenciar una lengua mientras que pones el grito en el cielo porque alguien (que no existe) quiere silenciar la tuya, salta a la vista. Y que hay que ser un fascista totalitario y sin luces para rechazar el uso de una lengua que no solo es tuya, que no solo te enriquece y perfecciona como ser humano, sino que además es uno de los más grandes hitos culturales de la humanidad, solo lo pueden negar estos mismos descerebrados. Y peor aún: quienes intenta negar a todo su pueblo el uso de una lengua que para muchos es la única que conocen merece el más absoluto de los desprecios y deja claro lo que podrá llegar a hacer si alguna vez se ve con el suficiente poder para hacerlo.

 

Para terminar, una reflexión. Estas gentes siempre colocan en lugar preeminente entre los agravios que España, en especial durante algunas épocas, desarrolló contra ellas la prohibición de usar su propia lengua. Hoy ellas intentan hacer exactamente los mismo, por lo que demuestran claramente que ni Torra, por ejemplo, tiene nada que envidiar a Franco ni Franco, por ejemplo, hubiera podido envidiar nada a Torra.

 

Dicho en la lengua del Imperio. Y de Cervantes. Y de Mortadelo y Filemón.

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