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Miércoles, 22 de Agosto del 2018
Sábado, 04 Agosto 2018

El Viaje (Final) a Ninguna Parte

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Diego Diaz Montesinos Diego Diaz Montesinos

CLR/Bartolomé Marcos.

En la hora del inesperado adiós a mi reciente amigo, señor de la fruta, D. Diego Díaz Montesinos…In memoriam.

Resulta curioso y estremecedor a un tiempo. Últimamente, casi todos los veranos, en los pocos días que nos permitimos de vacaciones en la playa, tenemos que decirle adiós a algún amigo o conocido. Contra todo pronóstico o expectativa razonable, la luz intensa y hasta cegadora del verano empieza a asociar, en nuestra percepción, verano y vacaciones, con sentimientos de luto y dolor en el alma, en un viaje que va de la luz hasta la obnubilación, la ceguera total y –quizá, ¡ay!, esperemos que no- la nada. Este año le ha tocado cruzar la laguna Estigia, hace apenas unos pocos días, a un veterano todavía joven, el avezado fruticultor ciezano, sabio, señor y maestro de la fruta a pie de árbol, Diego Díaz Montesinos, al que yo estaba aún conociendo, desde hacía apenas poco más de un año. Una lástima no seguir cubriendo etapas en la empresa del mutuo conocimiento y del más sincero reconocimiento y aprecio.

 

Me presentó a Diego, en Junio de 2017, Fernando Galindo Tormo. Estaban ambos sentados en uno de los poyos del murete que separa el paseo ribereño del cada mañana sorprendente y maravillosamente renovado milagro del río. Conversaban los dos animadamente. Me sumé al coloquio y de aquella amena conversación salieron, el año pasado, y éste, los mejores albaricoques que había tenido ocasión de probar en años. De allí salió también una relación respetuosa, de mutua valoración y reconocimiento, porque el veterano sabio ciezano de la fruticultura, Diego Díaz Montesinos, se me reveló como un agricultor moderno, cordial y abierto desde hacía décadas al futuro. Era una persona que siempre se me había representado con la aureola ambigua de aquellos belicosos jóvenes agricultores franceses que hace unos años quemaban camiones con mercancía agrícola española cuando España todavía no era miembro del Mercado Común Europeo. No tanto por su belicosidad cuanto por su inquietud y capacidad de compromiso para defender y modernizar lo propio, lo suyo, lo de su tierra…

 

Diego Díaz Montesinos nació en 1939, y llevaba muchos años , casi toda la vida, dedicado a la fruticultura, experimentando sobre nuevas selecciones de frutas de hueso, actividad en la que era un experto de reconocido prestigio incluso internacional. Y yo, que siempre he sido un auténtico bruto devorando fruta, de cuyos beneficios para la salud soy un convencido cerval, y, más que nada, por puro placer, porque me gusta, soy también un verdadero vicioso de la fruta. Es que noto la oleada de bienestar que me invade cuando abro con las manos por la mitad un buen albaricoque (como los que Diego hacía brotar de la tierra), lo pongo bajo el grifo, y, sin pelar, muerdo después su deliciosa pulpa, sintiendo cómo irradia en la boca un mosaico único de sensaciones gustativo - olfativas, o un melocotón de los antiguos agosteños, los “pipas”, ya en la práctica desgraciadamente casi inencontrables. Diego, de inicial formación autodidacta (trabajó como hilador y como vendedor ambulante de caramelos y chucherías), emigró después a Francia, donde se hizo un experto en la realización de injertos y el trabajo con variedades, y se casó con Josefina, con la que tuvo dos hijos, Ana y Didier, reflejo evidente, hasta en el nombre, de su devoción por lo francés. Vuelto a Cieza, fue gerente de la empresa Agromillora durante 23 años, después de 10 años trabajando en Francia (ya les digo que el aire francés yo se lo veía), convirtiendo su empresa en referente y modelo del proceso de adaptación de las nuevas variedades de frutales de hueso, y colaboró con diversas empresas de varios países en el desarrollo de nuevas variedades de frutales. Fue socio fundador de la empresa Selecplant en Cieza, que distribuye árboles frutales en diferentes países europeos y en España. Diego era un veterano de la huerta de Europa y su actividad no pasó inadvertida para organizaciones como el sindicato agrario COAG-IR de Cieza, que lo distinguió con un reconocimiento “por la labor de toda una vida de dedicación y entrega en el sector agrario”, entrega y dedicación de la que dejaba constancia la propia apariencia física de Diego, fruto granado entre los frutos, absolutamente telurizado y enraízado entre hojas y ramas de frutales (fíjense en sus brazos) en la fotografía cedida para la ocasión por nuestro común amigo Fernando Galindo.

 

Pues bien, de eso hablábamos en aquel fugaz encuentro, en ameno lugar y mejor compañía, hace poco más de un año, mientras sonaban las campanadas de las 9 de la mañana en la Iglesia Basílica de la Asunción de Cieza (¿cómo va a ser igual que ver la hora en un móvil?), y se escuchaba de fondo el incesante rumor de la corriente del río – insisto…ese milagro sorprendentemente renovado cada mañana- al tiempo que empezaba a oírse la música de inicio de la jornada escolar en el cercano colegio de la Era-San Bartolomé, preludio de la pacífica invasión de jóvenes madres e incluso jóvenes abuelas, en las entretenidas rutas del paseo ribereño de Cieza, tras dejar a sus hijos o nietos en el colegio. El verano les dará ahora también descanso en sus obligaciones. El verano dice también adiós a un ciezano excepcional y único, amigo amable, polifacético sabio y señor de la fruta, amén.

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