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Sabado, 17 de Noviembre del 2018
Sábado, 16 Junio 2018

El Viaje (Final) a Ninguna Parte. Rosa Campos “cruza el río”… (I)

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Bartolomé Marcos Bartolomé Marcos

CLR/Bartolomé Marcos.

“El compromiso sereno y tranquilo de una autora en plena madurez creativa”.

La ciezano-calasparreña Rosa Campos Gómez presenta libro, en la Biblioteca Pública Municipal “Padre Salmerón”, este lunes, 18 de Junio, a las 9 de la noche, prácticamente cerrando el curso cultural en Cieza, que ha sido denso y provechoso (quedan sólo los bailes y las danzas…), y cuyo balance se lo apunta en su haber el Tripartito, que enfila así ventajosamente también en este terreno de la cultura, la reválida de su cita con los electores del próximo año, para repetir una victoria, que, previos los acuerdos pertinentes, lógicamente tripartitos, se da por descontada. Enhorabuena, Pascual, supongo que repites como alcalde, que aquí es al revés, se repite cuando se aprueba, además de que el viento sopla de cara, así que aprovecha las rachas que pueden llevarte en volandas.

 

Pero, bueno, esta semana (y la que viene…) toca hablar de un suceso cultural relevante, como es el de la referida presentación de la novela “Cruzar el río”, una novela de hechuras clásicas, con sabia y ajustada dosificación de la narración (muy fluida, el relato te lleva de la mano con suavidad y sin contratiempos, tropezones, ni ruidos), la descripción (impresionista, sensorial y precisa, según los casos), y el diálogo (rápido, cortado y siempre natural), en un relato estructurado en dos, uno conducido por la tercera persona relatora, que todo lo sabe, y el otro guiado por la espontánea, viva y juvenil pluma de Desta, abreviación coloquial expresiva familiar de Modesta, hija de la protagonista, Amalia Alcaraz. Una Desta a la que yo percibo como una reencarnada Sara, hija de Rosa Campos en la vida real, y que también quiere, o quiso alguna vez, ser periodista como ella o dedicarse al mundo de la comunicación. Las páginas de su diario personal, lleno de jugosa espontaneidad adolescente, se entreveran con el relato en tercera persona, en una armónica, compleja y muy trabajada conjunción estructural y organizativa, que revela bien a las claras la maestría de Rosa Campos a la hora de configurarse como dueña y señora de su creación.

 

En Segisa (antiguo gentilicio visigótico atribuido a Cieza) se desenvuelve la historia familiar que nos cuenta Cruzar el río, una novela en la que la nostalgia y la introspectiva rumia proustiana del tiempo, tienen un papel fundamental. Esa nostalgia que, acorde con el sentido de la palabra griega de la que procede, “nostos”, aplicada al dolor derivado de la prolongada ausencia que sentían los héroes al volver de la guerra de Troya a sus respectivas ciudades, se refiere a la dolorosa sensación de encontrarse una realidad largo tiempo añorada que ya no es la misma. De manera que la historia se nos cuenta simultáneamente desde la tercera persona del narrador, o más bien narradora, una vigorosa, feminista y luchadora Rosa Campos-Amalia Alcaraz, y desde el buceo introspectivo de la directa primera persona adolescente, crítica y hasta rebelde, de su hija Desta, que escribe un diario en el que cabe todo: sucedidos, personas, experiencias y hasta palabrotas y exabruptos de una joven enfadada con su madre y con el mundo (como corresponde en cualquier adolescente), que protesta primero, contrariada, la decisión de su madre de volver al pueblo tras el fracaso familiar producido por el abandono de su padre, para abrazar después entusiásticamente la vida cotidiana en Segisa, donde, llevada por un río vivo, manso, encauzado y finalmente feliz, acaba encontrando el amor de su joven vida mientras su madre cierra el círculo de la suya en el reencuentro con un pueblo, un tiempo y unos personajes pasados que se recuperan desde otra perspectiva de vida, adquiriendo más luz y abriendo caminos de esperanza. De nuevo Proust... Por otra parte, la memoria -en muchos aspectos, lacerante- del pasado, tiene presencia constante en la trama, peripecia y avatares de Cruzar el río, que toma su título, cambiando gerundio por infinitivo, de la canción del grupo TamTamGo -álbum “Espaldas Mojadas”- “Voy cruzando el río/sabes que te quiero/no hay mucho dinero/lo he pasado mal”/, dicen los primeros versos del tema musical citado. Y mal que lo pasa esta familia en un pueblo en el que las calles –¡fíjense que extraordinario hallazgo expresivo!– “olían a sol”, y demasiada gente se llamaba Bartolo, no siempre para bien…ya lo comprobarán.

 

Cubre el libro una colorista portada ilustrada con una espléndida pintura del artista ciezano José Víctor Villalba, forjado en gran medida en la argamasa poético-plástica y emocional del taller de literatura y Artes Plásticas “Siembra”, regentado por la propia novelista. Reproduce un paisaje del entorno ciezano con el río en primer término en el que una persona intenta con dificultad cruzarlo, mientras lucha en medio de sus aguas.

 

En fin…la novela Cruzar el río supone una oportunidad pintiparada para disfrutar sin más del placer de la lectura, con una historia densamente humana y comprometida, planteada, eso sí, sin estridencias ni provocación, simplemente propiciando ese ameno lugar de encuentro entre dos almas, la de la autora y la del lector, en que la literatura consiste, en primera y también en última instancia.

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