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Sabado, 27 de Mayo del 2017
Viernes, 03 Junio 2016

El indomable Cañizares

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

El arzobispo de Valencia, cardenal Antonio Cañizares, es últimamente fuente inestimable de noticias para quienes nos interesamos por la actualidad. Lo malo es que las más, por no decir la totalidad de las veces, son malas noticias. Y un tanto inquietantes.

Ya en época del gobierno socialista de Rodríguez Zapatero el entonces cardenal Cañizares destacó por su frontal y pública oposición a muchas de las leyes de contenido social o de reconocimiento de derechos que dicho gobierno instauró. Tal es el caso del matrimonio homosexual o el aborto, contra los cuales arremetió Cañizares, y de otras cuestiones de índole político.

 

Pero tras su nombramiento como arzobispo de Valencia, Cañizares se lanzó de cabeza a la arena mediática con todas sus consecuencias. Hace unos meses empezaba su particular cruzada hablando de los refugiados que huían de las matanzas y las guerras hacia nuestro solar europeo, recorriendo un camino lleno de penalidades que para muchos ha significado la muerte y con el objetivo de salvar sus vidas y las de sus familias. Pero para Cañizares había otros motivos que impulsaban a muchos de los refugiados que llegaban a nuestras costas. Decía en voz alta el arzobispo de Valencia que no todos eran trigo limpio, que posiblemente una parte sustancial de esa marea humana estuviera compuesta por terroristas camuflados que intentaban colarse en medio de la avalancha para cometer luego en nuestras ciudades tropelías sin fin. Pero añadía el cardenal un comentario muy esclarecedor de su pensamiento. Todas esas gentes tenían en común un pequeño defecto: no eran europeos, no eran blancos, y su venida podía alterar nuestras costumbres y nuestra sociedad, “contaminándola” y acabando con ella. En resumen, no hay que dejar pasar a inmigrantes y refugiados, hay que cerrar las fronteras europeas, no hay que ser solidarios con los más pobres y necesitados. Una actitud muy poco (por no decir nada) cristiana.

 

Continuó el indomable Cañizares desarrollando su cruzada contra todo aquello que “oliese” a poco cristiano. Y esta vez les tocó el turno a los homosexuales. Según el cardenal un insidioso y oculto “imperio gay” está intentando dinamitar la familia tradicional cristiana, apoyado por ciertas ideologías feministas. La misoginia de Cañizares era ya conocida, así como su odio apenas ocultado contra la homosexualidad, pero con estas declaraciones pecaba también de falta de información, cuando no de incongruencia o de inventarse datos. De hecho, y lamentablemente, quienes reciben palizas, agresiones, desprecio y discriminación son los gays. No conozco un solo caso de agresión o discriminación a una familia tradicional cristiana por parte de bandas organizadas y coordinadas desde el “imperio gay”. Y otro tanto pasa con las feministas, que con su simple existencia pecan sin parar y de las cuales dice que son “incompatibles con el ecologismo”, al ser defensoras del aborto y la ideología de género. Aunque, sinceramente, no encuentro la relación entre ambas cuestiones.

 

Pero, inasequible al desaliento, Cañizares nos ha obsequiado esta semana con una última perla: el llamamiento a la desobediencia civil contra todas aquellas leyes que defiendan la igualdad de género. Y este caso es mucho más grave, por varios motivos. Por una parte, demuestra a las claras su odio contra mujeres y homosexuales, colectivos a los cuales niega el amparo de la ley a sus derechos. En segundo lugar, el hecho de llamar a la desobediencia civil es un delito, y por menos se ha inculpado a muchas personas, eso sí, de otras tendencias políticas poco afines a la Iglesia. En tercer lugar, el cardenal Cañizares se está oponiendo frontalmente a la nueva doctrina más tolerante y abierta que el Papa Francisco está intentando introducir en el catolicismo. Y ello a nivel de la Iglesia católica es muy grave, ya que el arzobispo se salta a la torera la doctrina de la infalibilidad del Papa para defender sus propias opiniones ultraconservadoras, un hecho que está demasiado extendido en la alta jerarquía española.

 

Cañizares, en definitiva, se está convirtiendo en un “antisistema” de la Iglesia, tal y como afirman muchos medios de comunicación y comentaristas. Llama a la desobediencia civil, ignora las normas de su organización y pasa por completo de las órdenes de su líder. Pero el cardenal no es un caso aislado: en la Iglesia de nuestro país, sobre todo en su cúpula, tienen fuerza aún sectores ultraconservadores cuya concepción de la religión católica se corresponde más con el siglo XIX que con el XXI. Y que flaco favor hacen al catolicismo con sus opiniones y actos doctrinarios y arcaicos y su defensa de las clases poderosas y del orden social, que no consiguen otra cosa que alejar a muchos católicos de la Iglesia oficial, a pesar de los esfuerzos de modernización realizados por el Papa.

 

Y que, por mucho que se niegue, son unas actitudes que muy poco o nada tienen que ver con las ideas de solidaridad y amor universal que el propio Jesucristo predicó.

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